Me levanto e ignoro si
soy algo más
que agua y azufre, un
andamio de carbono.
Pero me levanto aunque
sea solo
nieto de lagartos, el
capricho aleatorio de las olas.
No esperaré hipnotizado,
ni dejaré para otro día
la llegada del verano,
mientras me salen ramas
por la boca
y se me llenan las
pupilas de polvo.
Así que me levanto y me
arranco los escombros.
Y doy otro paso y otro.
Hasta que sea
eternamente ahora mismo.
Y al chamán y al brujo
quiromántico
les enseño la fuerza
gravitatoria,
el electromagnetismo.
Al astrofísico y al
neurocirujano
les recito el Corán,
les leo los Salmos
Les digo a los
buscadores de milagros:
Levantad la vista!
Arriba! Los pájaros!
Juan Ignacio Custodio Arenal