Ondea
en el horizonte
mi
bandera celeste y rosada.
Ondea
justo en el borde de la mañana.
Cuando
la luciérnaga enciende su lumbre
y el
grillo afina las patas,
mi
bandera de brillos se cubre,
con
un velo salpicado de plata.
Mi pasaporte
que es pájaro en llamas,
deja
de escombros los muros,
fulmina
las aduanas;
con
su pico, tijera de oro,
arranca
las fronteras en los mapas.
Antropoepicentro,
propietario de todo.
Trazas
con dientes de hienas, cartográficas puertas.
Y echas
la llave y decides quien entra
con tanques y visados. Con alambres de espino
arañas
la tierra toda de pedazos.
En
cualquier otro lado está el camino.
En
cualquier otro lado.