Baja por
el monte sombría el agua,
amarga
de los naranjos;
un caballo baja,
y un hombre derrotado.
A la
vera su señora,
en las manos empuña el aliento.
Tu
pena que nadie la oiga,
que
nadie vea noche sin luna,
tus
ojos Morayma,
guijarros
de basalto negro.
Baja
poniendo la tarde
los
almendros de cobre.
Por el
monte baja un caballo,
derrotado
un hombre.
A la
vera va su señora,
dos
diamantes le rayan la cara .
Por la
vega sube ponzoñosa
una
plegaria de clavos y de fuego
un
hedor de voces mugrientas
que
ahoga la canción de los jilgueros;
la
voluntad geométrica del firmamento.
Y ya el
Darro les da la espalda
al
caballo y a una muchacha;
a un
hombre peor que muerto.