Nosotros
aplastamos tus pulmones
con torres
de ceniza y una telaraña de plástico.
En el
silencio, sin embargo, por el monte
se iza tu
canto.
Crines de
viento despeinado.
Y en todas
las playas que asfixiamos de hormigón,
hundirás tu
lengua verde de musgo.
Y en esta niebla
de lejía y queroseno,
tus
pupilas ,mar adentro,
tus manos
se abrirán los pétalos
¡Cantas!
Seguirás
cantando brutal madre primigenia.
¡Cantas!
Y te
escuchan las estrellas.